Por una nueva Propiedad Intelectual

escritor

Este tema me lleva rondado años por la cabeza: Desde la generalización (en mayor o menor medida) del uso de internet, los derechos de autor se llevan vulnerando sistemáticamente, de manera masiva y sin control. Vale, no os penseis que estoy de acuerdo con la forma de actuar de las entidades gestoras de Derechos de Autor, pero lo cierto es que los autores, sean del tipo que sean, deben poder ganar dinero con su obra para poder seguir creando (Arte, ocio, literatura, música,…) y así nosotros disfrutarlo.

Por eso, desde que comenzaron a escucharse las noticias sobre las demandas que interponían las entidades gestoras, tipo Sgae y similar,… le doy vueltas a la idea de que el sistema actual ya no sirve. No sirve porque el autor pierde en gran medida el poder de decisión sobre su obra, sobre su difusión, venta, cesión o recaudación. Ni es justo que con los actuales sistemas se penalice (o criminalice) la difusión por internet, ni tampoco veo justo que un autor se vea privado de ingresos cuando hace algo realmente interesante.

También os comento que no tengo una solución clara, porque creo que es un problema mucho más complejo de lo que soy capaz de imaginar.

Vamos a partir de una premisa: No es posible controlar el tráfico de internet, la red es un gran medio para difundir información, de la misma manera que es un pésimo lugar donde limitar su distribución. Una vez que uno introduce algo en la red, es muy complicado evitar que se difunda por otros medios (ya sea por p2p, descarga directa u otros sistemas). Por otro lado, la legislación actual va muy por detrás de cualquier innovación tecnológica existente, y aunque intentemos crear figuras legales genéricas que regulen el sistema, quedarán desfasadas automáticamente en la próxima vuelta de tuerca que encuentre internet. Por eso mismo creo que la solución al tema no se puede encontrar en legislar la red en esa dirección, sino en mirar hacia la contratación que haga un autor con la empresa distribuidora (no nos engañemos, como siempre, quien tiene la sartén por el mango son las empresas distribuidoras), ya sea discográfica, editorial, etc… Es decir, según tengo entendido, un autor contrata los servicios de una empresa de este tipo, y obtiene un tanto por ciento de la recaudación que obtenga en la venta. Si vende poco, cobra poco, y si vende mucho, cobra más (que no mucho, por lo que tengo entendido). ¿Alguien conoce un negocio más redondo? La empresa arriesga tan solo lo necesario, y como mucho tendrá que comerse una edición mucho más grande de lo que es capaz de colocar,… pero en ningún caso tiene que soportar un pago añadido al autor por el que apostaron -cuando el que debería arriesgar es la empresa, quien verdaderamente arriesga es el autor a la hora de elegir una empresa distribuidora eficiente o ineficaz-. Supongo que esta afirmación que estoy haciendo es demasiado genérica, y falta de muchos matices,… pero es la imagen que tengo del sistema actual (que alguien me corrija si no estoy en lo cierto).

En contraposición a este sistema, creo que sería bueno trasladar el riesgo de sujeto,… siendo el autor el que “vende” su obra a las empresas. Es decir, yo autor, quiero “esta cantidad” por los derechos de emisión de “este número de ejemplares”, y una vez que termine esa edición,… volveremos a hablar. Vale, no es un sistema perfecto, puesto que puede dar lugar a situaciones confusas (qué ocurre si la propia editorial vende más ejemplares de los contratados e intenta ocultarlo? Cómo puede controlar el autor que se respecta el pacto?). Supongo que tendría que ser en esa dirección donde tendrían que apuntar las entidades gestoras de derechos de autor, defendiendo al autor de los incumplimientos de las distribuidoras/productoras).

Es muy posible que haya dicho alguna tontería, puesto que no conozco de primera mano el sistema de contratación de un autor, y supongo que en cada “gremio” existirán peculiaridades. Aun así, la idea principal de todo esto es divagar sobre la obsolescencia del sistema de recaudación de los derechos de autor. No es normal que se castigue a un consumidor por tener acceso a la cultura, ya sea pagando o gratuitamente. No es lógico que en la sociedad actual se criminalice una actitud que siempre ha existido, pero que con los recientes cambios tecnológicos se haya facilitado. No puede ser.