Información y deformación

Si uno es de los que suele leer los periódicos a diario, puede que las últimas semanas tenga la mosca detrás de la oreja. No es posible que una semana tengamos un país que se esté desmoronando y a la semana siguiente seamos de los salvadores de la democracia griega, hay algo que no me cuadra del todo.

Todo esto me hace volver a pensar en qué manos hemos dejado el poder de la información, cuyos representantes y dirigentes afirman sonrientes que son el ejemplo vivo de la imparcialidad. Por mi lado, no puedo esconder mi simpatía a los partidos de la llamada “izquierda”, aunque puedo decir que nunca he votado a ningún partido que haya ganado las elecciones. Eso no quiere decir que no pueda ser crítico con las actuaciones de los partidos, puesto que es muy complicado (y no es sano) comulgar con todas las ideas del partido que votas. Si uno tiene la posibilidad de tener una opinión sobre cada uno de los temas a decidir, seguramente será un popurrí de muchos conceptos. Si uno no puede o quiere hacerlo, lo normal es seguir las directrices del partido, porque, para eso les han votado.

De la misma manera que existe prensa deportiva del Madrid y del Barcelona, tenemos otro tipo de prensa (que algunos llamarían “seria”, pero que más bien se debería de llamar “prensa no deportiva”) que es afín a uno u otro partido. En algunas CCAA, además, tenemos prensa que apoya a ideales nacionalistas o similar. Hasta hace poco tiempo, yo decía no tener problemas con este tipo de prensa, la leo sin mucha distinción, y simplemente soy consciente de a quién rinden cuentas,… pero desde hace unos meses me estoy dando cuenta de que algo que aceptaba antes ahora me comienza a parecer inaceptable.

Ni de un lado ni de otro, no podemos crear estados de opinión con fines políticos, y las redacciones que se han doblegado ante esa necesidad no deberían de seguir informando de manera tan insultantemente parcial. No tengo problemas si un noticiario es tendencioso hacia un lado de la balanza, pero según pasan los días me voy dando cuenta de los enormes intereses (políticos, económicos, de oportunidad,…) que representan los medios de comunicación. La presentación de la información llega a estar tan manipulada que llega a puntos de desinformación.

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