Arrendamientos (XVIII): Elección del inquilino

opciones

Tras volver de las vacaciones, puedo decir que he recuperado parte de la ilusión necesaria para seguir en el negocio. Un par de buenos pasos, y el haber esquivado otros malos de manera consciente hace que uno se sienta mejor consigo mismo. Ojala siempre tuviera las cosas tan claras como las tengo ultimamente.

Volviendo al tema del blog, me encontraba el otro día divagando sobre los problemas que un inquilino-trampa puede originar, y la imposibilidad de conocer previamente el historial de un posible inquilino más allá de la foto fija que puede suponer una nómina o aval bancario. Tras la aprobación de la Ley Orgánica de Protección de Datos, la inclusión de este tipo de inquilinos en listados de personas “non gratas” para los arrendadores es una tarea practicamente imposible (de hecho, siempre es posible oponerse por parte del inquilino-trampa). Es una pena que nadie pueda tener constancia de que una persona tiene un historial de deshaucios tan larga como la de su vida laboral, y que la picaresca que este tipo de personas utilizan siga funcionando después de haber dejado pufo tras pufo.

Hoy en día, para la selección de un inquilino, es necesario usar todos los medios que podemos tener a nuestro alcance, comenzando por lo más básico: Las nóminas.

Las nóminas son una fuente de información bastante interesante, puesto que en ellas se observan los ingresos mensuales que tiene una persona, y por otra parte se puede conocer en cierto modo la estabilidad económica de la misma, mediante la antigüedad en la empresa (si es una persona que va cambiando de empresa cada cierto tiempo, sería recomendable pedirle las ultimas nominas de esos anteriores trabajos, para comprobar que aunque vaya cambiando, siempre haya tenido trabajo). En los casos de duda, siempre se puede solicitar un resumen de la vida laboral.

En segundo lugar, y cada vez más extendido, se encuentran los avales bancarios. No soy muy partidario de ellos. Por un lado, suponen un enorme coste para el inquilino, puesto que no tan solo se les solicita pignorar (es decir, aportar o dejar retenido) la cantidad del aval, sino que también la entidad bancaria les cobra intereses por ello (siempre dependiendo de la relación que uno tenga con la entidad bancaria, puesto que las condiciones pueden variar, yo hablo en terminos generales). Como una posible opción al aval bancario, suelo preferir aumentar la cantidad de la fianza, puesto que también supone pignorar la cantidad para el inquilino, pero no se debe pagar nada. En contraposición, el entregar una cantidad mayor en concepto de fianza supone un plus de confianza en el arrendador, puesto que una rescisión de contrato conflicitva puede dificultar la devolución de estas cantidades (verdadera laguna legal/reglamentaria dentro de los arrendamientos).

Como tercera opción, y preferible en mi opinión, se encuentran los Seguros para el impago de rentas. El coste del mismo lo tiene que abonar el arrendador, y supone aproximadamente el 60% de una mensualidad (aunque ultimamente estoy viendo mejores ofertas). El seguro cubre los posibles impagos del inquilino (siempre con una limitación) y en ocasiones también incluye los posibles daños a la vivienda o incluso la asistencia letrada para el arrendador. No soy muy amigo de los seguros en general, puesto que no siempre que he recurrido a ellos me han dado la solución prometida, pero en estos casos, creo que se consigue un “plus” que de otra manera no se puede tener: Las Compañías aseguradoras, lógicamente, tienen mucha más información que un particular, y ello supone que la concesión de una poliza (tras haber examinado al arrendatario) puede dar una mayor seguridad al arrendador, puesto que es menos posible que la persona elegida tenga algún tema raro en su historial. A día de hoy, no he tenido que hacer efectiva ninguna póliza de las firmadas en mi oficina, y han sido (o siguen siendo) inquilinos correctos, por lo que no os puedo orientar en cuanto a los procesos de cobro y su satisfacción, aunque a priori no parecen demasiado complejos (eso sí, se pide una sentencia a favor del arrendador para el cobro).

3 thoughts on “Arrendamientos (XVIII): Elección del inquilino

  1. Pedirle aval al inquilino siempre me ha parecido injusto, pues si el que quiere seguridad es el arrendador, tendría que ser él quien corriera con los gastos, como sí ocurre con el seguro que has comentado, cuyos gastos tiene que pagarlos el interesado.
    Tampoco estoy mu de acuerdo con el sistema de pedir dos o más mensualidades como fianza, pues al final es un dineral del que tiene que prescindir el inquilino. Además, no conozco ningún caso en que al finalizar el contrato el arrendador no haya tratado de quedarse con dicha fianza. A veces por los motivos más nimios. Finalmente todos los inquilinos medianamente espabilados dejan de pagar las últimas mensualidades y listo.

  2. En el caso de las fianzas, existe nromativa que lo obliga (me refiero a una en el caso de no amueblado y dos en los amueblados), por lo menos en Aragón.

    Lo cierto es que a la hora de contratar un piso de alquiler, se ha llegado a una situación que ahoga al posible inquilino (fianzas, avales, altas,…). Algún día habrá que abrir el debate sobre quién debe abonar la comisión de la gencia en los contratos de arrendamiento,… pero a ver quien es el guapo que da el primer paso!

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