El valor de una buena traducción

En uno de los últimos libros que he leido, en sus primeras páginas, se podía encontrar un texto escrito por el traductor. En él explicaba por qué había traducido algunos términos de esa manera, puesto que cuando alquien intenta reflejar en una traducción un texto escrito en otro idioma, es necesario adaptar algunos términos para no perder el mensaje que se desea transmitir.

En muchas ocasiones, una traducción literal supone perder muchos matices que se incluyen en la obra original, haciendo que se desvirtúe la obra en cierto modo. Siempre he creido que la labor de un traductor no es fácil, al tener que optar por la literalidad, frente a la narración. Uno no puede optar por completo por ninguna de las dos, pero tampoco puede olvidarse de ninguna de ellas, puesto que si uno opta por la literalidad es posible que el lector no comprenda del todo el texto, y si uno elige la narración se puede conseguir un pastiche a medio camino entre lo que escribió el autor y ha interpretado el traductor.

Llegados a este punto del camino, algunos os estaréis preguntando por el motivo de este tostón que os estoy soltando, y es que recientemente me he enterado de una mala noticia, que es el fallecimiento en abril de Antonio Cabezas, un onubense catedrático emérito de la Universidad de Kyoto y con varias traducciones de libros japoneses a sus espaldas, y entre ellos, algunas de las obras literarias japonesas más importantes.

No es que tuviera un contacto directo con el autor, pero hace unos años por temas que no vienen a cuento, tuve que leer varios de los libros que él había escrito y/o traducido, y desde entonces tengo una cierta simpatía hacia él. Puede que el esfuerzo por adaptar un texto desde un idioma tan dispar al español sea uno de los motivos por el que siempre valoré muy positivamente su trabajo y esfuerzo. Ahora, la globalización nos permite acceder a la información con mucha mayor facilidad, y existen máquinas que “traducen” mecanicamente los textos, más mal que bien, por lo que es posible acceder a la esencia de un texto de manera bastante sencilla. No obstante, son personas como Antonio Cabezas las que deberían de erigirse como ejemplo de trabajo en favor de la divulgación cultural, por mucho que hayan premiado a Google en los Principes de Asturias.

Enlace a Articulo de la Wikipedia

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